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¿Cuándo dejaste de pensar que eres bella?

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Por: Nadia Alamillo @esatalnadia

Quiero empezar esta nota recordando el increíble comercial de Dove: “¿Cuándo dejaste de pensar que eres bella?” (si no lo has visto, date un minuto) y es que refleja perfectamente cómo en algún momento de nuestras vidas las mujeres empezamos a sentirnos profundamente incómodas al vernos al espejo o amenazadas cuando aparece una cámara. Nuestro pelo nos parece demasiado chino, nuestra cara muy redonda, nuestra piel tan morena y nuestro cuerpo, bueno, tan poco merecedor de ser visto tal cual es, incluso por nosotras mismas.



No hay una edad escrita en piedra en la que las mujeres empezamos a rechazar nuestros cuerpos, sin embargo, la adolescencia es una etapa clave dado que marca el inicio del despertar sexual, donde nuestros cuerpos se vuelven los protagonistas al descubrir todo un nuevo mundo de sensaciones, emociones, inquietudes e intereses que desconocíamos hasta ese momento. Es aquí cuando las opiniones de nuestro círculo social se vuelven casi como una ley para nosotras y los estándares irreales de belleza que vemos en revistas, televisión e internet se convierten en el camino a seguir.


Que no nos sorprenda tanto que la presión se incline mucho más para las mujeres que para los hombres, pues para esa etapa tan vulnerable de la vida, las niñas ya habremos sido previamente educadas para vernos bonitas, limpias, bien portadas, dulces y femeninas, mientras que los niños fueron educados para ser campeones, líderes, fuertes y valientes.


Entonces, ¿qué pasa cuando nos damos cuenta de que no estamos ni cerca de lucir como “deberíamos”?, empezamos a esconder nuestros cuerpos, a huir del espejo y castigarnos de distintas maneras porque no sabemos cómo lidiar con el sentimiento de inferioridad e inseguridad tan aplastante.


Afortunadamente después de tantos años, me sentí cansada de esconderme constantemente, pues recientemente es que soy consciente de todos esos complejos que tanto dolieron en mi adolescencia respecto a mi cuerpo y aunque es la primera vez que lo exteriorizo, fue gracias al feminismo que empecé a cuestionarme por qué no usaba ciertas prendas aunque me gustaran mucho. Quien me acercó a esta nueva mirada violeta, fue una gran amiga que me inspira mucho porque es digna de su cuerpo tal cual es y se luce orgullosa principalmente para sí misma sin importarle la mirada de los demás.


Para mí los kilos de más nunca fueron un problema, al contrario, siempre fui una niña muy delgada, mucho más de lo que hubiera querido, me sentía increíblemente insegura porque al ser tan flaquita la ropa no me quedaba como a mis amigas, veía a todas esas cantantes en la televisión y me invadía un sentimiento de frustración muy fuerte, me daba mucho coraje no tener un cuerpo con curvitas y “carnita” como les gustaban a los chicos de nuestra edad. Mis piernas flacas eran mi mayor problema, al punto de que nunca, bajo ninguna circunstancia usaba vestidos o faldas, era mi manera de castigarme.


Usar traje de baño era todo un ritual de vergüenza, me enrollaba con la toalla hasta que nadie me estuviera mirando para poder meterme rápidamente a la alberca o al menos meter la mitad del cuerpo y así esconder mis piernas. Recuerdo que alguna vez le pedí a mi mamá que me llevara con una nutrióloga para subir de peso, sí, a los 13 años quería subir de peso. El rechazo y la pena que me generaba mi cuerpo fue tal, que logré que me sacara de una secundaria porque en la clase de deportes era obligatorio usar short, así que me cambiaron a una escuela donde no fuera una regla.


A lo largo de los años ha sido una lucha interna constante para reconciliarme con mi cuerpo, de hecho, fue hasta hace poco más de dos años que empecé a darme el permiso de usar vestidos y de gustarme usándolos, tengo 33 y recientemente vencí ese pensamiento de no merecer vestir como me gusta sólo porque “mi cuerpo no es bonito”.


Me niego a aceptar que tantas niñas, adolescentes y mujeres adultas lidien con esta clase de problemas en los que la confianza, el autoestima y amor propio se sustituyen por vergüenza, asco y hasta odio. Es de no creerse cómo cada vez son más las adolescentes que se someten a intervenciones para hacerse todo tipo de “arreglitos” cuando no han llegado ni a los 20 años. ¿Qué clase de presión se nos ejerce desde pequeñas para cumplir cada vez más estándares?, ¿cuántas dietas, cuántas cremas, cuánto maquillaje, cuántos tratamientos o cirugías se necesitan para cumplir?, muchas veces llegando al extremo de poner en riesgo la vida.


Por eso es que me gustaría compartir algunos consejos que podrían ayudarnos a replantear la relación con nuestro cuerpo y también lo que le estamos enseñando a nuestras niñas:


  • Conoce y observa tu cuerpo, pero no desde una mirada impuesta por la sociedad, sino desde una mirada que reconozca todo lo que hace por ti, toda la energía que genera para que puedas levantarte cada mañana, el trabajo de tus músculos para que puedas moverte, tus pulmones llenándose de aire para que puedas respirar, y la fuerza de tu corazón para latir unas 80 veces por minuto. Tu cuerpo es una máquina perfecta y hermosa.
  • Cuando te mires al espejo, trata de identificar de dónde vienen esos pensamientos negativos y de rechazo hacia tu cuerpo, trata de trabajar sobre ellos para darles un enfoque de aceptación, amor y cuidado. Cuando te sientas lista, pídele perdón.
  • Busca referentes de belleza más reales, sin tantos filtros, maquillaje o cuerpos perfectos, además recuerda que la belleza es subjetiva. Afortunadamente, en las redes sociales y medios masivos, también podemos encontrar mujeres increíbles a las cuales admirar de muchas otras formas y que no le dan tanto peso al aspecto físico.
  • Aprende a ser crítica con los mensajes y no con tu cuerpo. Pon atención a todos esos contenidos que te hagan sentir incómoda contigo misma y deja de consumirlos, ya que generan frustración y dañan tu autoestima. También rodéate de gente que te respete y te haga sentir cómoda contigo misma.
  • El mejor momento para tener un diálogo con tus hijas acerca de lo físico, la belleza y los estereotipos no debe comenzar los 15 sino a los 6, según la profesora Alba Alonso, creadora del proyecto RealKiddys que pretende educar en igualdad a niños y niñas. Recuerda que la mejor manera de enseñarles es con el ejemplo, por eso evita juzgar tu físico o el de otras mujeres delante de ellas, enséñales a amar y conocer su cuerpo incondicionalmente, a entender que el aspecto físico es sólo una parte de nosotras y ayúdalas a reforzar otras áreas.
  • Si sientes que la relación con tu cuerpo se está tornando peligrosa, o se sale de tus manos poder manejar lo que estás sintiendo, no dudes en buscar ayuda, ya sea directamente con un profesional o a través de tus amigas, familiares o grupos feministas, recuerda que no estás sola.

Pareciera que nuestra sociedad nos educa constantemente para NO amar nuestros cuerpos, por eso las invito a que seamos rebeldes, a enamorarnos de las mujeres que somos y ser solidarias unas con otras en esta lucha por hacernos valer y respetar. Un cumplido, un consejo, una sonrisa, expresarnos admiración, una charla honesta, y por qué no, compartir esta nota con esa hermana que sigue peleada con el espejo. Como dije, el feminismo me ha salvado de muchas maneras, pues además de ayudarme a hacer las paces con mi cuerpo, me ha dado más seguridad al saber que mi voz también importa y tengo que hacerla escuchar. Me guió a entender las relaciones que podemos crear con otras mujeres gracias a la “sororidad”; me ha impulsado a pedir lo que quiero y lo que merezco en todas las esferas personales, profesionales y amorosas… claro que todo siempre se trata de un proceso.

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